Existiendo!

miércoles, 9 de mayo de 2012

Cuba Libre.


Una vez quise crearnos un país, para ahorrarnos la molestia de hacer maletas, tramitar pasaportes y carpetas CADIVI. Nunca te lo dije porque ese país no estaba bien establecido y me apenaba enormemente no poder ofrecerte mucho más, algo más; pero así son los comienzos, suelen ser un poco inseguros, o inestables, creo yo.

Ese país, nuestro país, era pequeño, tanto que no llegaría a ser reconocido por la ONU o una de esas organizaciones arrechísimas, y sólo contaría con 2 –se lee, tú y yo- habitantes, porque no nos haría falta la presencia de nadie más. Geográficamente limitaría al norte con mi amor grande y bonito, al sur con tu sonrisa adorable y la capital estaría ubicada oficialmente en el Olímpico… porque sí, pues. Decidí que ese país, nuestro país, no tendría mar, porque yo no sé nadar y porque el curso del agua salada de las lágrimas sería un delito contra la seguridad nacional.

El Himno Nacional sería versátil, pues oscilaría entre tus notas de violín que tanto adoraba escuchar y las canciones de esas bandas “raritas” que yo siempre escucho y que tanto disfruto. Por eso, tiranamente, nombraría a mi Ipod como Patrimonio Cultural. Y ya. El mapa nunca pude dibujarlo porque, si bien adoro dibujar, nunca pude aprenderme de memoria el mapa de tu piel, ni que unieras mis lunares para descubrir formas extrañas.

Nuestro clima sería fenomenal, nada londinense. Allí, en nuestro país, lloverían los besos y los sentimientos bonitos, la temperatura aumentaría cada vez que tú lo dispusieras y el viento me ayudaría a susurrarte al oído cosas como “I Flamingo You”. Harías verano en mis mejillas y siempre, por el este, saldría el sol junto al arco-que bordea tu-iris.

El Idioma Oficial de nuestro país representaba un dilema garrafal ya que existía gran contradicción entre los habitantes, siendo tú políglota y yo manejando un nivel de comunicación basado en sinceridad infinita con altas dosis de rock, Mafaldismos y libros de Cortázar, con términos argentinos y un caraqueño indestructible. Una vaina como: aksdgsdaksg. Por eso decidí que nuestro idioma oficial serían los posts cursis, los tweets gafos y el desarrollo incesante de un papiamento libidinoso. De todas formas, siempre pensé que lo que dijeran tus ojos debería ser el único lenguaje a respetar.

Nuestro sistema monetario constaría de besos, abrazos, cosquillas en la espalda y mordiscos, por lo que gozaríamos de una estructura económica productiva y feliz, al menos desde esta parte de la población. Para dormir tranquilos contaríamos el uno con el otro en vez de contar ovejas. Los ingredientes secretos de nuestro Plato Típico hubiesen sido dos pizcas de ganas y cuatro cucharaditas de besos. Y como ningún país respetable está completo sin un Símbolo Patrio, decidí que Rojo con Negro serían los colores de la vida a los cuales rendiríamos eterna adoración.

Una vez quise crearnos un país, y me di cuenta demasiado tarde de lo hijo de puta que son los exilios voluntarios.

Las despedidas, sin despedida, saben a limón.