Existiendo!

martes, 10 de mayo de 2011

¿Dónde estás?

Vamos a encontrarnos. Cuéntame. ¿Dónde te gustaría? ¿Caracas? ¿Buenos aires? Aquí o allá, que sea casualmente. Y ser dos en una ciudad que no conocemos. Es que Caracas es muy grande y Buenos Aires demasiado eterna.

Yo llevaré Converse grises, un jean cómodo –como siempre-, blusa blanca, suéter azul. El pelo atado, porque a veces me molesta. ¿Y tú? Con la ropa que te guste. Tiene que ser casual. Convincente, natural. No cuadra que tú seas modelo de Hugo Boss y yo pelirroja de 1.80.

Ajá, ¿y ahora? ¿Nos saludamos? ¿Ven pa’ca y dame un beso? Normal, tipo: salí a caminar con La Vida Boheme en mis audífonos y tú, de pronto, entraste, con tus vans, te paraste al lado mío y preguntaste por “Rayuela”. O mejor: eres el inoportuno que trata de entablar conversación conmigo mientras yo leo finamente La mujer del viajero en el tiempo sentada ahí, en la mesita de la esquina. La de siempre. Así. Es que las personas espontáneas me resultan tentadoras.

Déjame admitirlo, pues. Es muy sexy cuando te concentras y lees.

No sé cómo te llamarás, pero nos vamos a encontrar. En Caracas o Buenos Aires, donde tú quieras. Tendrás un par de lunares en el cuello y otro en la mejilla derecha. Dale. Encuéntrame. Muéstrame lo francés en tus palabras, e intenta no sonar a cliché balurdo. Pronúnciame un Je t'aime, sin abusar de mi inocencia. Cuéntame el cuentico aquel de final bonito para no creerte ni una palabra. Desafíame. Hazme ciega. Hazme creer. Tócame los acordes justos pero no cometas la vulgaridad de cantarme canciones de Reik. Prométeme olvido, porque sé que no cumples. Con besos en el cuello no, porque me enamoro. Y no quiero. Es que tu mirada es demasiado profunda y mis piernas demasiado largas.

Y déjame sola. Cuando escribo acostada es cuando me siento sola. Más que sola, mal acompañada. Y eso sí que no lo quiero en mi vida.

Cuando nos encontremos, en Caracas o Buenos Aires, fingiremos no conocernos. No saber: ni tú de mi, ni yo de ti. Yo, volveré a esperarte. Y tú, volverás a irte.

Vamos a encontrarnos, “amor”. Quiero verte de cerca, otra vez. Conocerte de nuevo, porque siempre te muestras diferente, y ahorita no sé quién eres. Encontrémonos y déjame saber si es verdad todo lo que dicen de ti.

O mejor no. Déjame seguir burlándome de ti.

Ro.

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